Andouni, y un decapitado
Ayer por la noche vimos el documental A Long Journey Home, sobre el primer viaje que Isabel Bayrakdarian a Armenia, hacia el final del documental canta Andouni, literalmente "Sin Casa"...
Fue compuesta por Komitas Vardapet, musicólogo y compositor quien rescató miles de canciones armenias ancestrales de las salvajes manos del triunvirato turco y los zaptieh.
El video de esta canción, y la maravillosa voz de Isabel tocaron una fibra profundísima en casa. Yo tuve insomnio, y miedo, miedo a lo que es capaz el ser humano cuando pierde su humanidad, la capacidad de ver a los otros seres humanos como iguales. Una tristeza inmensa, también.
Luego, extrañamente, tuve el siguiente sueño: Estaba con mi hermano y mi madre en una feria de pueblo, los puestos de comida mezclados con las artesanías. De pronto, ví correr entre la multitud a dos adolescentes, uno de ellos llevaba en una mano un machete enfundado en cuero, mi corazón se aceleró, sabía que algo estaba a punto de ocurrir, seguí con la mirada la trayectoria de los dos jóvenes, y vi, como en cámara lenta, la mano que sacaba el machete, usado, no brilló al sol... mis ojos siguieron la mirada del atacante y la trayectoria de su mano: parado, a unos metros, otro adolescente apenas se percataba de que venían por él.
Una fracción de segundo se extendió, y el ruido del mercado, los gritos, la carne cociéndose en su grasa, todo quedó supeditado a un sólo golpe de machete, la cabeza se separó limpiamente del cuello, y cayó al suelo. Alguien gritó. Inmovilidad. El segundo adolescente, quien llevaba una enorme daga en la mano, le sacó limpiamente el corazón al decapitado, que se mantenía absurdamente erguido, y lo colocó sobre el cuello sangrante. Mi madre, mi hermano y yo nos acercamos a la sangrienta escena, junto con el resto de los visitantes del mercado.
Y aquí es donde el sueño se pone realmente extraño: la gente comenzó a despedazar el cadáver, en un arranque de alegría enloquecida, a mis pies cayó la mitad del torax, mi hermano corrió a levantarla, y volvió a lanzarla por encima de las cabezas de la turba.
Al estar cerca del pedazo humano me di cuenta de que estaba ya en proceso de descomposición. Un olor fétido salía del líquido sanguinolento que escurría...
No me acuerdo de más, pero me desperté aterrada, sudando de miedo y estupefacción...
La barbarie.


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