Tuesday, January 08, 2008

Una foto que no esta

Para David y María Paz, por su felicidad
Anoche soñé con una fotografía tomada hace varios años, en ella estamos R y yo, en una playa, o mejor dicho, no estamos, es una fotografía de nuestras sombras. Entre nosotros hay una distancia, yo tengo los brazos cruzados, y en las manos de él se perfila la silueta de la cámara. Las sombras alargadas y la arena con sus ondas, sus vacíos y sus montañas, un mapa en miniatura del mundo. No recuerdo en qué viaje fue tomada esa foto, ni en qué año. Yo aún tenía el cabello largo, él también.
Lo extraño del asunto es que, aunque esa es la única fotografía que decidí conservar de nosotros dos, parece que ha desaparecido. Hace un par de semanas me dediqué a organizar papeles viejos, y decidí deshacerme de muchas cosas, entre ellas esa foto, pero no la encontré por ningún lado. Desde entonces la recuerdo a ratos, claramente, como si la tuviera frente a mí. Es casi como si quisiera decirme algo, desde ese limbo al que van los objetos que se pierden. ¿La memoria?
Encontré, en cambio, otra fotografía, tomada quizá por la misma fecha, o quizá antes... En ella estoy yo sentada en una habitación vacía, una pared es azul, otra roja, no hay nada más. Mi cabeza está inclinada, miro hacia abajo, como si la cámara y el fotógrafo no estuvieran ahí. La luz del sol ilumina mi torso cubierto con una sudadera negra, mis piernas desnudas, mi cabello desordenado baja casi hasta mis rodillas, cubre mi rostro, a excepción de mi nariz, un poco de mi frente.
Hablo de estas dos imágenes porque me resulta incomprensible esta paz tan dulce de los últimos años, leo en el blog de D la descripción de su paraíso terrestre y personal, su violeta, Camus, su Paz, y comparto su admiración por el mundo, por la luz que deja huella del paso del tiempo, de los otros, y que, en casos aisladísimos, y sumamente felices, se convierte en testigo de la existencia de un mar desierto, en medio del cual hay una isla, habitada apenas por dos.